Para el buen funcionamiento de
talleres en una comunidad es importante tener en cuenta que los grupos se van
conformando lentamente en un proceso que depende bastante del liderazgo de la
persona a cargo, quien aparte de entregar su arte y su técnica, va estableciendo
vínculos afectivos que muchas veces son lo más importante para algunos de los
participantes. Es por esto, que es bueno considerar algunos elementos o “tips”:
·
Reglas: definir en conjunto con los
participantes, aquellas reglas de convivencia que permitirán que el taller se
desarrolle adecuadamente a través del tiempo. Es importante que el tallerista
recoja las ideas de todos, agregue las que no hayan aparecido en la
conversación y que le parezcan fundamentales, y queden por escrito a la vista
de los participantes. Es recomendable que estas reglas sean planteadas en forma
positiva, señalando lo que se debe hacer, por ejemplo: “ordenar los
materiales y la sala cuando termine la
clase, hablar por turnos, tratarse en forma respetuosa, etc”
Es necesario cuando ocurran
situaciones en que no se cumplan las reglas, recordarlas con todo el grupo y
buscar formas para continuar y aprender de la experiencia. Pueden darse casos
más extremos en que el tallerista decida que alguien no debe continuar en el
taller.
·
Responsabilidad y compromiso: Es necesario pedir responsabilidad
a los asistentes al taller, en cuanto a puntualidad, cumplimiento de
compromisos y asistencia, avisar en caso de no poder asistir, etc, así como
también el tallerista debe ser un modelo en este sentido. En las comunidades
muchas veces las personas han tenido experiencias negativas en sus vínculos y
es bueno que tengan experiencias positivas y “reparadoras” de alguien que sí se
compromete con ellos y no los abandona.
·
Vínculo: es importante aprenderse los
nombres de los participantes o al menos llevar etiquetas adhesivas al comienzo
del taller para tratarlos por su nombre. Esto favorece que cada persona se
sienta valorada, integrada y comprometida en el taller.
·
Neutralidad: Como tallerista naturalmente surgen
emociones y afectos en la medida que se van desarrollando los talleres y que
surgen vínculos con cada persona, lo importante es “no reaccionar
impulsivamente” sobre todo cuando surjan emociones de rabia, frustración, sino
observar esas reacciones internas, expresarlas verbalmente, poniéndolas al
servicio del aprendizaje del grupo.
·
Contacto físico: A veces hay niños, adolescentes o
adultos que pueden buscar un mayor contacto físico con el tallerista, esto es
tocar, abrazar, besar, de una manera insistente e incómoda, e incluso en
ocasiones con una connotación de tipo sexual. Esto puede responder a historias
personales de carencia afectiva, falta de límites, etc. En esos casos, no es
recomendable rechazar esa actitud, pero sí poner límites y darlo a entender con
claridad.
·
Casos especiales: A veces puede ocurrir que algún
participante busque instancias para contarle al tallerista acerca de alguna
situación vital difícil o incluso grave que le está sucediendo. Es importante
escuchar, acoger y según el caso, informar al equipo para revisar posibles
líneas de acción o derivación.


