jueves, 12 de septiembre de 2013

Elementos psicosociales a considerar para el trabajo comunitario


Para el buen funcionamiento de talleres en una comunidad es importante tener en cuenta que los grupos se van conformando lentamente en un proceso que depende bastante del liderazgo de la persona a cargo, quien aparte de entregar su arte y su técnica, va estableciendo vínculos afectivos que muchas veces son lo más importante para algunos de los participantes. Es por esto, que es bueno considerar algunos elementos o “tips”:

·         Reglas: definir en conjunto con los participantes, aquellas reglas de convivencia que permitirán que el taller se desarrolle adecuadamente a través del tiempo. Es importante que el tallerista recoja las ideas de todos, agregue las que no hayan aparecido en la conversación y que le parezcan fundamentales, y queden por escrito a la vista de los participantes. Es recomendable que estas reglas sean planteadas en forma positiva, señalando lo que se debe hacer, por ejemplo: “ordenar los materiales  y la sala cuando termine la clase, hablar por turnos, tratarse en forma respetuosa, etc”

Es necesario cuando ocurran situaciones en que no se cumplan las reglas, recordarlas con todo el grupo y buscar formas para continuar y aprender de la experiencia. Pueden darse casos más extremos en que el tallerista decida que alguien no debe continuar en el taller.

·         Responsabilidad y compromiso: Es necesario pedir responsabilidad a los asistentes al taller, en cuanto a puntualidad, cumplimiento de compromisos y asistencia, avisar en caso de no poder asistir, etc, así como también el tallerista debe ser un modelo en este sentido. En las comunidades muchas veces las personas han tenido experiencias negativas en sus vínculos y es bueno que tengan experiencias positivas y “reparadoras” de alguien que sí se compromete con ellos y no los abandona.

·         Vínculo: es importante aprenderse los nombres de los participantes o al menos llevar etiquetas adhesivas al comienzo del taller para tratarlos por su nombre. Esto favorece que cada persona se sienta valorada, integrada y comprometida en el taller.

·         Neutralidad: Como tallerista naturalmente surgen emociones y afectos en la medida que se van desarrollando los talleres y que surgen vínculos con cada persona, lo importante es “no reaccionar impulsivamente” sobre todo cuando surjan emociones de rabia, frustración, sino observar esas reacciones internas, expresarlas verbalmente, poniéndolas al servicio del aprendizaje del grupo.

·         Contacto físico: A veces hay niños, adolescentes o adultos que pueden buscar un mayor contacto físico con el tallerista, esto es tocar, abrazar, besar, de una manera insistente e incómoda, e incluso en ocasiones con una connotación de tipo sexual. Esto puede responder a historias personales de carencia afectiva, falta de límites, etc. En esos casos, no es recomendable rechazar esa actitud, pero sí poner límites y darlo a entender con claridad.

·         Casos especiales: A veces puede ocurrir que algún participante busque instancias para contarle al tallerista acerca de alguna situación vital difícil o incluso grave que le está sucediendo. Es importante escuchar, acoger y según el caso, informar al equipo para revisar posibles líneas de acción o derivación.